Taller Literario Hannia Hoffmann
Eric Fco Díaz PRODUCE

lectorías

Sobrerieles
La familia Hoffmann en Costa Rica.
  • CAPITULO II
    En el tren hacia el Pacífico

    Corre-tren-corre-tren-corre-tren-corre...
    Puuíh, Puiiíh...

    El Ingeniero Héctor Zúñiga Rovira plasmó en una canción la salida del tren hacia Puntarenas, cualquier domingo:

    Todos se aglomeran en la ventanilla
    comprando el tiquete, ya está listo el tren.
    -¡ Dos para Barranca ! - grita una chiquilla
    siente que la tocan y no sabe quién.

    Cinco campanadas, pronto es la salida.
    Todos ríen, corren , sin dejar de hablar.
    -¿ Dónde está mi bolso ? -¡ Aquí está, mi vida !
    - Y el novio de Rita ya no va a llegar.

    -Guárdame otro campo que viene Roberto.
    - Yo voy a Mastate. - ¡ Que te vaya bien !
    Todos van alegres porque van al Puerto,
    la gente no cabe ya en todo el andén.

    Es un pueblo entero que viaja sonriente
    porque no soporta el bullicio mundano,
    San José en camisa, como un ser viviente,
    quiere expansionarse en el Puerto lejano.

    Calor que asociamos con los marañones.

    Se escucha en Río Grande: ¡ Hoorchata, coomida...! Y en Hacienda Vieja: ¡ mangos y mamones !
    Es la línea misma cantando su vida.

    Y allá en Orotina, chicas a montones
    adornan la calle viendo la partida.
    Se sigue escuchando: ¡ coomida, maamones !
    Y sigue la línea cantando su vida.

    puiíih puiiíh-
    puiíih puiiíh-

    Puntarenas era la terminal occidental del ferrocarril interoceánico, que iniciaba en Limón, un camino de hierro y madera construido con el propósito de facilitar la salida de la producción cafetalera.

    Antiguamente, Puntarenas fue el principal Puerto de la costa del Pacífico de Costa Rica. Los costarricenses acostumbraban ir de paseo con su familia para descansar. Fue Puntarenas el sitio ideal para la luna de miel de las parejas, en los últimos años del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Antes del Ferrocarril, el viaje se hacía en carreta.

    El Ferrocarril al Pacífico fue ideado con el propósito de ayudar al crecimiento de la economía agroexportadora, circulación de pasajeros y mercancías y el surgimiento de nuevos pueblos y ciudades entre los dos océanos.

    Puntarenas está en un pedazo robado al mar, al que se llega atravesando una franja de tierra entre el mar y el estero.

    Próspero Fernández había inaugurado, en 1883, el trecho ferrocarrilero que unía Esparza con Puntarenas.

    En 1895 se ordena la construcción del Ferrocarril al Pacífico, para que esta línea llevara progreso a todos los poblados por donde pasara, empezando las obras en 1897, mediante un convenio con MR. John S. Casement y el Gobierno de Rafael Iglesias Castro.

    Fue durante el Gobierno de Rafael Iglesias cuando Joseph llegó a Costa Rica. El había estudiado en Inglaterra y trabajado en la construcción de ferrocarriles en otros países, incluyendo los Estados Unidos, país del cual había ya obtenido la ciudadanía.

    Corre-tren-corre-tren-corre-tren-corre...

    El Ferrocarril al Pacífico colaboró con el desarrollo de Costa Rica creando nuevos centros de colonización, caminos que comunicaron pueblos guanacastecos con el Valle Central. También propició el desarrollo turístico de la ciudad de Puntarenas y la construcción de los muelles Grande y del Estero que fueron una importante fuente de trabajo.

    La empresa ferroviaria colocó y dio mantenimiento a los faros y boyas luminosas en el Puerto para facilitar la navegación en la noche. Así, se crearon servicios de lanchas nacionales mejorando la navegación dentro del Golfo de Nicoya y la región de Guanacaste proveía ganado y granos para la población del Valle Central.

    También el Ferrocarril suministró agua potable y tenía un carro dispensario que prestaba servicios de medicina curativa y preventiva a lo largo de la vía.

    Gracias al Ferrocarril, Costa Rica se abasteció de mecánicos, ebanistas, fundidores, carpinteros, pintores, soldadores, herreros, torneros, electricistas y técnicos para el arranque de todo tipo de máquinas.

    Ya en la segunda mitad del siglo XX, Puntarenas fue también el lugar predilecto de veraneo de muchas familias costarricenses pues era cercano y accesible, debido a la instalación del tren. Se optaba por viajar en tren ya que muchos costarricenses no tenían vehículo propio, pues el servicio de buses hacía paradas obligatorias entre varios puntos del trayecto. Era, por tanto, muy lento.

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    marcha-marcha-marcha-tren
    puiíih puiiíh-

    Los paseos en tren eran divertidos pues el viaje tardaba 4 horas. Algunos jóvenes llevaban guitarra e intercalaban cantos con tertulias, lo que hacía del trayecto un viaje ameno, pues lo hacía parecer más corto.

    El destino a Puntarenas de Luna de Miel era muy común debido a que los viajes fuera del país eran para la clase social muy alta. La accesibilidad y la facilidad de viajar en tren y salir del Valle Central hacía de la idea de pasar la Luna de Miel en el Puerto una opción mucho más bonita.
    Viajar en tren era una excelente oportunidad para pasar un rato agradable en la buena compañía del ser querido. Las vistas panorámicas daban al viaje un contexto aún más romántico.

    El tren es uno de los mayores triunfos del ingenio y la labor de los hombres.

    Así que, lector, echaremos un vistazo a la historia de este medio de transporte.

    El ferrocarril a vapor se originó en Inglaterra. Fue producto de la evolución de los tranvías de tracción animal.

    El primer ferrocarril que se utilizó para servicio de viajeros fue el de Stockton a Darlington, en Gran Bretaña, el cual se inauguró el 27 de setiembre de 1825. Había sido proyectado en 1818. Fue el primero que se destinó a transporte regular de pasajeros, Era de una sola vía, de 61 kms y tenía apartaderos para dar paso cada 400 metros.

    Las primeras locomotoras inspiraron terror a las personas. Hubo quienes pensaron que el establecimiento de las vías férreas dañaría los pastos y que el aire envenenado por los humos de las máquinas mataría las aves y hasta pensaron que las casas situadas cerca de la vía serían envueltas por nubes de humo o incendiadas por las chispas de las locomotoras.

    Un diario de la época decía: " No creemos necesario detenernos a combatir los proyectos de estos visionarios que pretenden cubrir el país de ferrocarriles y reemplazar las diligencias y postas por este nuevo sistema de transporte.¿ Hay algo más ridículo, más absurdo, que sostener que una locomotora nos transportará con doble velocidad que una diligencia ?

    Este era el concepto de muchas personas sobre la locomotora que inventó Jorge Stephenson.

    El, quien fue ingenioso y hábil, de niño modeló con arcilla maquinitas semejantes a las de las minas, y llegó a conocer detalladamente su mecanismo. Sus juegos le sirvieron para prepararse para realizar su gran invento.

    El Ferrocarril es un medio de transporte rápido, económico y cómodo tanto para personas como para mercancías, integrado por vías de dos carriles paralelos, comúnmente de acero, material rodante, equipo, terrenos, edificios e instalaciones requeridos para el servicio.

    Los carriles se tienden sobre durmientes que a su vez, descansan sobre un terraplén o una base que suelen afirmarse con balastro.

    Los vehículos que para el servicio se utilizan se forman en trenes de vagones o furgones, de los que tiran una o varias locomotoras, que funcionan con vapor, carbón o electricidad

    El trazo de un ferrocarril se proyecta de tal manera que la vía siga una línea recta y atraviese terreno llano. Su objeto es comunicar centros comerciales o puntos que puedan considerarse como atracciones para el turismo.

    Muchas personas obtuvieron trabajo con la invención del Ferrocarril que, además, transformó el mundo.

    No basta que el maquinista atienda el ritmo de la máquina; muchas otras personas se ocupan de múltiples trabajos.

    Se emplearon, miles de hombres para escuchar, vigilar, pensar, escribir, telegrafiar y ocuparse en una variedad inmensa de trabajos: todo ello para que los viajeros puedan ir en tren con seguridad y lo más cómodamente posible. Y con todo este personal trabajó Joseph.

    El Ferrocarril también transportaba correspondencia en un vagón postal.

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    puiíih puiiíh-

    Cuando Joseph Hoffmann llegó a Costa Rica, en el año 1894, contratado como uno de los Ingenieros de la construcción del Ferrocarril al Pacífico, conoció a muchos inmigrantes que fueron traidos también para ese trabajo.
    Negros, chinos, europeos y también se relacionó con muchos costarricenses.

    puiíih puiiíh-
    corre-tren-corre-tren
    corre-tren-corre


    ***

    Soy una gota de agua en una gran catarata.
    El tiempo de la caída ¿ adónde me llevará ?
    Soy sonido diminuto de la música del agua
    y no sé si tus oídos de ella me puedan aislar.

    Soy todo y soy individuo,
    agua que tarda en llegar
    hasta el torrente del río,
    donde no hay regreso más...


    * Raíces desde Alemania, un poco de historia...

    Wiesbaum es una comunidad ubicada en Renania Palatinado (Rheinland Pfalz), en Eifel, que es una región con colinas.

    Wiesbaum es comunidad agrícola que produce principalmente trigo. Está a 480 metros sobre el nivel del mar. Posee atractivos turísticos, entre ellos la antigua ¦glesia de San Martín. Un monumento del siglo XVII, que se constituye en unas famosas ruinas y zonas de naturaleza protegida.

    El escudo de la ciudad es negro, con cinco anillos de plata. Tomado de una casa de caballeros que se llamó von Weysseben . El nombre Wiesbaum podría traducirse como el árbol del potrero. Está ubicado cerca del Rhin, en la zona fronteriza con Francia, cerca de Alsacia y Lorena.

    Renania Palatinado fue creada como Estado tras la Segunda Guerra Mundial.
    Se unieron partes que nunca habían formado un todo: trozos de las provincias renanas de Prusia, los territorios de Heesse a la orilla izquierda del Rhin y el Palatinado, bajo influencia Bávara.

    Costa Rica es una sociedad intercultural. Muchos europeos, africanos, asiáticos vinieron a este país en largo y continuo proceso de migraciones, para dar como resultado la nacionalidad costarricense.

    Pero ¿ Qué es, en resumidas cuentas, un inmigrante ? ¿ Qué influencia tiene sobre sus descendientes el tener sus raíces en tierras lejanas, donde se habla un idioma distinto y las personas tienen costumbres que desconocemos por completo ?

    ¿ Qué influencia ejerce esa diferencia en los descendientes de inmigrantes, que, como Jospeh, sólo tuvieron el tiempo de plantar las semillas y no vivieron lo suficiente para verlas germinar y, aún menos, dar otros frutos?

    En los siglos XIX y XX muchos europeos vinieron desde sus países hasta el nuestro, haciendo aportes al progreso de estos nuevos sitios y mezclándose en matrimonio con los pobladores. Así nacieron muchas familias. Joseph fundó la suya con María Venegas, en el año 1900.

    Hay en Costa Rica muchas colonias de extranjeros, quienes mantienen parte de sus costumbres y formas de relacionarse. Sin embargo, la familia de Joseph no tuvo la posibilidad de preservar esas costumbres, pues la muerte temprana de su progenitor hizo que se perdieran para siempre. Por eso sus hijos siempre se cuestionaron sobre sus raíces, lo mismo que sus nietos y sus bisnietos.

    Joseph atravesó los mares para instalarse y trabajar en una tierra de cultura y lengua distintas a la suya, pero su suegro don Froylano y sus cuñados José, Filadelfa y Claudia; lo mismo que doña María, su suegra, le hicieron sentirse siempre bienvenido en este país.

    Siendo un inmigrante que venía de una cultura con una tecnología más moderna, él hizo, lo mismo que sus conciudadanos, importantes aportes al desarrollo de Costa Rica, en cuanto a tecnología se refiere.

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    puiíih puiiíh-

    Joseph sabía que era un inmigrante temporal, sólo vino a trabajar. Aquí se casó y tuvo hijos, pero pretendía regresar a su Patria.

    Para obtener la confianza de sus suegros y cuñados, Joseph tuvo que armarse de paciencia y esperar... esperar mucho, pues el costarricense de aquel entonces era por naturaleza desconfiado de los extranjeros. Pero, una vez que la obtuvo, esa confianza la disfrutó hasta el día de su partida.

    También tuvo que luchar contra esa desconfianza en el campo laboral, pues algunos costarricenses reaccionaban como niños ante las propuestas de desarrollo de los extranjeros y buscaban afanosamente la forma de hacer fracasar sus proyectos. Sí, reaccionaban como niños celosos.

    A pesar de esto, Costa Rica es una sociedad intercultural. Muchos europeos, africanos, asiáticos vinieron a este país en largo y continuo proceso de migraciones, para dar como resultado la nacionalidad costarricense. Y la construcción del ferrocarril, aceleró ese proceso migratorio. Africanos, chinos, italianos y europeos en general, vinieron en esos tiempos.

    puiíih puiiíh-

    Como ya expliqué, amigo lector, el auge cafetalero en el siglo XIX generó la necesidad de mejorar las vias de comunicación. La construcción del Ferrocarril al Pacífico y el Ferrocarril al Atlántico, fue la respuesta a esa necesidad de la economía nacional.

    El Ing. Joseph Hoffmann, entonces, llegó a Costa Rica como constructor de ferrocarriles y fundó una familia con la costarricense María Venegas.

    El había estudiado Ingeniería en Inglaterra y había trabajado en la construcción de otros Ferrocarriles. Hablaba varios idiomas y su espíritu aventurero lo había llevado, ya, a adquirir la ciudadanía norteamericana. Era un hombre bien parecido, de mirada sincera, gesto austero pero tierno.
    Su cabello era rubio. Delgado, de paso firme y buena figura - la exigencia de su labor de Ingeniero constructor de ferrocarriles le garantizaba una buena condición física. Antes de venir acá, Joseph había trabajado en muchos otros proyectos de construcción de Ferrocarriles. Doña María le contó a su nieto Franz que, cuando iban de paseo a Puntarenas, Joseph conversaba en cantonés con los chinos inmigrantes. También hablaba inglés y francés . Y, por supuesto, su lengua natal, alemán. Tenía las cejas finas, del mismo color dorado de su cabello. Y un lunar en medio de la mejilla izquierda. Labios delgados, nariz fina y usaba el cabello corto, con patillas.

    Los ferrocarriles marcaron la vida de Joseph... y su muerte... y como medio de transporte, tuvieron mucha importancia en la vida de sus descendientes...

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    corre-tren-corre


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    Joseph apreciaba particularmente, por la belleza del paisaje, el trayecto de Ferrocarril entre Alajuela y Heredia.
    Fue en ese trayecto del Ferrocarril en el que vio a María y en el que se enamoró de ella. La vio ahí por primera vez y luego en la Iglesia de San Antonio de Belén, pero se conocieron formalmente en un turno, en ese mismo pueblo.

    La cimarrona llenó el ambiente de alegría... Siguiendo el Farafafachín, fafachín fafachín, chín, Chín Chín, los habitantes de San Antonio veían el desfile de los Payasos o Mascaradas. Era setiembre del año 1899,

    El diablillo y la Giganta perseguían a los niños del poblado. El Gigante, en su baile, movía sus brazotes en forma desacompasada. Así, dejaba entrever desde el lado de la calle en el que Joseph estaba, a las personas que estaban del otro lado... Y la sonrisa de María, del otro lado de la calle y quien venía acompañada de su amigo Rosendo, se veía iluminar su cara. Joseph se sintió muy contento de encontrar la oportunidad de acercársele, de hablarle. Así que buscó la forma de atravesar la calle, de sortear aquellas figuras bailarinas, para estar con María...

    Las figuras de las mascarada eran llevadas por hombres del pueblo. Joseph conocía a quien llevaba el traje de la Giganta. Era Antolín Arce. Se acercó a él y le pidió que le ayudara a atravesar la calle...

    Antolín llevaba sobre su cabeza un traje que consistía en una cabeza o máscara montada sobre una estructura de caña, pintada en forma colorida.
    También llevaba puesto un manto con forma de saco o traje enterizo, que expresaba la forma de una gorda y enorme señora.

    Desde su llegada a Costa Rica, Joseph siempre iba a ver el desfile. Y le divertía ver a la gorda giganta dar vueltas y vueltas, con su vestido mal combinado y sus enormes aretes...

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    Fue en un vagón de Ferrocarril en el que nació su hija Anita.

    Fue en tres vagones de Ferrocarril en los que vivió con su esposa, en una época en la cual trabajó para el Ferrocarril.
    Uno para dormitorio, otro para sala-comedor y cocina y otro mas para su oficina. Doña María le contó a sus nietos que, en aquellos principios del siglo XX, algunas de las gentes de zona rural le tenían miedo a aquella máquina humeante de metal y que, desde las fincas, a veces eran atacados con rifles. Pero nunca sucedió nada grave....

    En las líneas y los vagones de Ferrocarril pasó gran parte de su vida... Y era en un vagón del Ferrocarril al Pacífico en el que viajaba aquella mañana del día diez de noviembre del año 1907...

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    En el tramo de Ferrocarril entre Turrúcares y San Antonio de Belén, el 10 de diciembre del año 1907, apareció muerto, en el vagón de pasajeros, un hombre mayor de 30 años, según indican los documentos del Archivo Nacional de Costa Rica.

    El Jefe Político de San Antonio de Belén, don José Murillo, recibió al médico don José Ramón Gallegos, quien declaró reconocer el cadáver de un señor que dicen llamarse José Bismark, aunque ignora cuál sea su verdadero nombre, y no le encontró señal o herida que indicase que su muerte fuere ocasionada por violencia.
    Don José Ramón afirmó que la causa probable de la muerte de don Joseph es alguna enfermedad cardiaca, pues él venía de Turrúcares con la intención de buscar medicina por sentirse enfermo, lo que no es extraño por haber vivido últimamente en climas mortíferos.

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    Son las 7:30 am del día 11 de diciembre del año 1907. La Jefatura Política de San Antonio de Belén tiene una actividad poco usual. Van y vienen funcionarios y visitantes. La casita de madera que alberga la jefatura recibe a Antolín Arce, Teódulo Soto y Luis Agüero, para dar declaración.

    Ellos viajaban en el mismo vagón de tren, con don Joseph.

    Antolín Arce fue el primero en rendir declaración: dice reconocer a don José Bismark, quien fue casado con la Señora María Venegas, vecina de Turrúcares, cosa que le consta.

    Teódulo Soto dice que conoció muy bien a don José Bismarck, con quien trabajó mucho tiempo como peón de él en el Ferrocarril al Pacífico.

    Luis Agüero afirma que él también conoció a don José Bismarck, con quien fue íntimo amigo.

    Los tres coinciden en que María Venegas es su esposa y que reside en Turrúcares.

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    El canto de los yigüirros despertó a los niños . El Sol apenas se levantaba en el horizonte, y con su luz coloreaba el paisaje de la finca. María, Enrique, Luz y Anita pasaron aquella mañana del 09 de diciembre, sin esperar la visita de Joseph.

    La casa era de paredes de adobes y techo de tejas. Piso de madera y tenía una sala, tres cuartos y una cocina.

    María acostumbraba pasear con los niños por la finca, iban a ver a los peones ordeñar las vacas y preparar el terreno con la yunta de bueyes.
    Se producían frutas, pastos y leña para comercializarlos con otros finqueros de la zona. Era un terreno grande y fértil y María vivía con sus tres pequeños, feliz.

    Ahí se reunía con su marido cuando a él le quedaba tiempo libre de su ardua labor en la construcción del Ferrocarril, pues Joseph se hospedaba en sus dias de trabajo en un cuarto que alquilaba en Zent, Limón y comia en una posada, cerca de esta habitación. El extrañaba a sus hijos y a su mujer y aprovechaba cada momento libre, para estar cerca de ellos.

    La finca de don Froylano Venegas, padre de María, estaba en San Rafael de Ojo de Agua. Para mantener segura a la familia, los padres y hermanos de María les visitaban a menudo.

    Ya terminada su labor en el Ferrocarril al Pacífico, Joseph trabajaba, ahora, para la Northern Railway Co, en la construcción del Ferrocarril al Atlántico. Trabajaba en el Proyecto de Ferrocarril de Guácimo-Río Frío (Los Chiles, Frontera Norte). Era la Unión con los Ferrocarriles de Centroamérica; se proponía un puente sobre el Río San Juan. Joseph soñaba con regresar a Alemania, llevándose con él a su familia, una vez que terminara su trabajo. Había ahorrado algún dinero para poder financiar el largo viaje de regreso a su tierra, con los suyos, para reunir su pasado, su presente... y su futuro, que eran sus tres hijos.

    Como a las 11 am de aquel lunes 09 de diciembre, el pito del tren sonó tres veces, cosa inusual. María vio a Joseph descender del vagón y llegar a la finca. Corrió hacia él y le abrazó. Anita y Enrique correteaban sobre el pasto, sin percatarse de que su padre no se veía muy bien, en tanto Luz era todavía un bebé de brazos.

    _ ¿ Qué te pasa, Joseph ? ¿ Te sentís bien ?

    - ¡ No ! ¡ En realidad me siento bastante enfermo ! -respondió él. El hígado me ha estado molestando. Creo que pasaré el día aquí, con ustedes. Descansaré hoy. Y, si mañana aún no me siento bien, me iré a buscar medicina a Cartago.

    La familia pasó el día completo junta, compartiendo alimentos y juegos. María estaba convencida de que su marido no tendría nada grave. De que un poco de reposo lo sanaría.

    A la mañana siguiente, Joseph aún seguia sintiéndose mal. Así que subió a la carreta y se dirigió a la Estacion del tren en Turrúcares, para buscar medicina en el Hospital de Cartago. A pesar de la insistencia de María y de su suegro don Froylano en que alguien debía acompañarlo, él prefirió ir solo. A veces su tenacidad lo volvía testarudo.

    El cielo diciembrino estaba nítido, azul intenso. El pito de llegada del ferocarril rompió súbitamente el ambiente melódico. La máquina acalló poco a poco su canción sobre los rieles y se detuvo.

    Joseph estaba vestido con camisa blanca y pantalón azul. Llevaba puesto su viejo y querido sombrero negro. En realidad se sentía muy mal...

    Mientras subía al tren, su viejo amigo Luis Agüero le sirvió de apoyo para sostenerse. Preocupado, le preguntó por su salud. Joseph sólo le indicó que se trataba de un mal pasajero, problemas en el hígado, según él creía y que pronto se sentiría mucho mejor al llegar al Hospital y obtener medicina.

    Buscó un asiento hacia la parte trasera del vagón, cerca de una ventana, pues le encantaba mirar el paisaje que parecía correr en dirección opuesta a la del tren...Eso le distraería de aquel terrible malestar, pensó.

    El pito del tren lo insertó de lleno en el momento presente. Y, poco a poco, se reinició el canto del vagón sobre los rieles. El tren había empezado su marcha.

    corre-tren-corre-tren-corre-tren-corre
    marcha-tren-marcha-tren-marcha...
    Puuíh, puiiiíh...

    Ese sonido siempre le evocó a Joseph muchos recuerdos: sus estudios en Inglaterra, sus viajes por el mundo, su llegada a Costa Rica, desde Estados Unidos, en el año 1894... A veces le parecía que toda su vida la había vivido sobre rieles, o en función de los rieles. Pues ahora trabajaba en la construcción de la vía hacia el Atlántico. Rieles, ferrocarriles. Sueños alcanzados y otros por alcanzar. Desde que salió por vez primera de su Patria hasta este día había transcurrido mucho tiempo ! Y ¡ cuántas vivencias gratas había tenido !

    Así enfermo, como se sentía, Joseph sacó del bolsillo su reloj de leontina de oro para ver la hora. Pensó en cuánto tiempo habia pasado desde la primera vez que salió de Wiesbaum para estudiar Ingeniería en Inglaterra, para hacer realidad su sueño de trabajar en los ferrocarriles, la vía de comunicación más moderna y que tanta prosperidad traía a los pueblos por donde pasaba aquel monstruo metálico ...

    En sus bolsillos llevaba dos relojes: el de oro, con la hora local y que acababa de consultar y otro de plata, con la hora de Alemania. Le gustaba mirarlos para recordar el tiempo pasado... reflexionar sobre cómo los recuerdos se los traga el tiempo: los lugares en los que se vivió, las personas con quienes se compartieron las horas y los días... los paisajes, los amores, las vivencias: todo, todo se lo traga el tiempo...

    Su antiguo amigo, don Braulio Chaverri estaba sentado en el asiento de enfrente, en el mismo vagón del Ferrocarril. Le había saludado, como siempre, amablemente. Teodulo Soto, un viejo subalterno suyo, estaba en el asiento de atrás, a la derecha. Habían subido al tren juntos en la estación de Turrúcares. Joseph respondió el saludo de ambos, pero evitó cortésmente la conversación. Estaba absorto en sus recuerdos, en sus pensamientos... Y tenía un dolor terrible que le oprimía el pecho. Le hubiese resultado muy doloroso articular palabras. Había hecho ya un esfuerzo sobrehumano para llegar a la estación del tren y subir al vagón. Quiso viajar solo, para no sobresaltar a María y a don Froylano. Hizo también un esfuerzo para acomodarse en el asiento. Sí. Definitivamente evitaría la conversación....

    El paisaje del diciembre costarricense parecía asomarse por las ventanas del vagón, para jugar con los recuerdos de Joseph. Ese verde paisaje - que tantas veces él había compartido con su esposa María y sus hijos, viajando en este tren- ocupaba un sitio de honor entre sus lugares amados, casi de tanto honor como el de los mismos paisajes de su amada Wiesbaum, en Hillesheim.

    Joseph Hoffmann Palms, que ese era su nombre completo, había nacido en Alemania, en un poblado llamado Wiesbaum, en abril del año 1859.

    Wiesbaum es un pueblito que está en la zona de Eifel, en Renania Palatinado ( Reihen Pfalz ), la ciudad más grande cercana a este sitio es Trier. El cultivo del trigo es una de las actividades más importantes del lugar, y lo era durante la infancia de Jospeh.

    Fueron sus padres Johan Petrus Hoffmann, nacido en Wiesbaum en febrero del año 1824 y Anne Marie Palms, nacida en 1824, también en Wiesbaum. Ellos se casaron en el año 1850, en la iglesia de San Martín. Es una iglesia pequeña. Eran católicos.... Anne Marie era hija de Hubert Palms y Susana Schloffer, quienes se habian casado, también en Wiesbaum, en el año 1813. Los abuelos de Joseph, se llamaron Johan Peter Hoffmann, nacido en Wiessbaum el 25 de febrero de 1791 y Anne Katharina Wirtz. Ellos se casaron en el año 1822. Katharina, nacida en Wiesbaum el 06 de diciembre de 1787, fue hija de Anton Wirtz y Anna Katharina Gritten, quienes se habían casado en 1779, también en Wiesbaum.

    Joseph tuvo sólo una tía, llamada Anne Katharina, como su madre, quien nació también en Wiesbaum en abril de 1826. Ella se casó con Johan Peter Beltzer, también en Wiesbaum en el año 1847. Tuvieron once hijos.

    Joseph tuvo cinco hermanos: Curiosamente, dos de ellos se llamaron Peter, uno nació en 1850, el otro nació en 1852 y no aparece registrado matrimonio de ninguno de los dos; en 1854 nació Johan y no aparece de él tampoco matrimonio alguno, aunque tengo una copia de su certificado de defunción, fechado el 7 de febrero de 1893; en 1857 nació Anne Marie y se casó en 1896 con Josef Wolff; en 1866 nació Katharina y de ella no aparece registrado, tampoco, matrimonio.

    El primer Hoffmann que aparece en los registros de Wiesbaum se llamó también Johan Peter Hoffmann y nació en el año de 1757. Se casó en 1786 con Anne Marie Schnorrenberg. Ellos tuvieron cinco hijos: Marie Anne Gertrud nació el 05 de agosto de 1787; el 11 de diciembre de 1789, Peter Martin; Johan Petrus ( del cual desciende mi familia), en 1791; el 15 de octubre de 1794, Joseph y el primero de julio de 1798, Michael.

    El hecho de haber podido retroceder casi 250 años en la historia de la familia Hofmann en Wiesbaum, significa a todas luces que eran gentes muy estables y arraigadas en su Patria. El certificado de defunción de Johan trae más información: dice que eran católicos y agricultores. Cuando él murió, el bisabuelo de mi padre Johan Peter, aún vivía, pues el certificado dice de él que es viudo de Anne Maria, nacida Palms, quien falleció en el año 1891.

    Me pregunto cuáles fueron las razones que hicieron que mi bisabuelo abandonara su tierra natal, para morir en Costa Rica, el 10 de diciembre del año 1907, en un vagón del Ferrocarril al Pacífico, si su familia tenía raíces tan profundas en Wiesbaum. Todo parece indicar que fue por asuntos de trabajo, pues viajó por el mundo ejerciendo su profesión.

    Pero volvamos a nuestra historia: la historia de Joseph y de cuáles fueron las razones que lo llevaron a correr mundo y a acabar con su humanidad en esta tierra llamada Costa Rica.

    Joseph Hoffmann llegó a Costa Rica aproximadamente en el año 1894 y se casó con María Venegas Fuentes el 1o de noviembre de 1900, en Heredia.

    María fue hija de don Froylano Venegas y doña María Fuentes. Fueron sus hermanos José Venegas Fuentes, Claudia Venegas, nacida el 2 de mayo de 1890 y fallecida el 6 de enero de 1967 y Filadelfa Natividad Venegas, nacida el 23 de diciembre de 1885 y cuya muerte no aparece registrada.

    Doña María nació el 02 de diciembre de 1880 y falleció el 30 de abril de 1956. Fue ella misma quien declaró su nacimiento el 25 de agosto de 1953, e incluso llegó a ejercer el derecho al voto una vez. Y le comentó a una de sus nietas, Hilda, que nunca creyó vivir para ver que la mujer pudiese votar.

    De ese matrimonio, el de Joseph y María, nacieron tres hijos. Uno de ellos fue mi abuelo, don Enrique Hoffmann.

    Las otras dos fueron mujeres: Luz y Ana.

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    Recordemos que aquel día de 1907, Joseph estaba muy inquieto en el asiento del ferrocarril. Sufría un tremendo dolor físico que trató de evadir llenando su mente con sueños, con pensamientos que lo proyectaran a él y a su familia al futuro.

    - ¡ Regresar a Alemania ! ¡ Qué maravilloso sueño ! Ver a sus tres pequeños sonriendo en las viejas ruinas de Wiesbaum y llevarlos a las fiestas de San Martín.

    Recordó, nostálgico, las fiestas de Navidad en la casa de sus abuelos Johan Peter y Katharina.

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    En aquella navidad del año 1867, en Wiesbaum, Johan Peter y Anne Katherinne, esperaban ansiosos la llegada de sus hijos. Ambos casados, acostumbraban visitarles y celebrar juntos la Navidad. Como vivían tan cerca, se veían a menudo. Pero eran especialmente divertidas aquellas reuniones del 24 de diciembre, sobre todo, lo eran para los niños.

    La tía Katharina se había casado en 1847 con Johan Beltzer. Iban acompañados de sus hijos menores Catherine de 8 años, Anton, de 6, Petrus, de 4 y la pequeña Bárbara, de un año. En ese entonces ella tenía 33 años de edad.

    De la familia de Joseph iban a la celebración sus padres: Johan Peter y Anne Marie, así como los niños, Peter, quien tenía 15 años, Johan, de 13; Anne, de 10; Joseph, de 8; Mathías, de 3 y la pequeña Katharina, quien apenas tenía un año de edad. La abuela Katharina siempre preparaba deliciosos pasteles de manzana y canela para la fiesta.

    También eran invitados a aquella celebración algunos sobrinos del abuelo Johan, quien para ese entonces tenía 68 años.

    A Joseph le encantaba jugar con sus primos hermanos y con sus primos segundos, los hijos de los hermanos de su abuelo paterno.

    Para aquella Navidad, éste le tenía reservada una grata sorpresa.

    El tren era el medio de transporte más moderno por ese tiempo.

    puiíih puiiíh-
    corre-tren-corre-tren-corre...

    Joseph escuchaba historias de los viajeros en aquel artefacto prodigioso, historias que le maravillaban y despertaban su infantil imaginación. La familia había viajado algunas veces hasta Trier...

    Jospeh amaba el tren y su abuelo lo sabía. Así que aquella noche le obsequió con una pequeña locomotora de madera, con tres vagones, que él mismo fabricó. La hizo con madera que había cortado con sus manos en el bosque cercano.

    También entregó obsequios a sus otros nietos, fabricados por sus propias manos.
    Peter, 15 años, Johan, de 13;y Mathías, de 3 .
    La Abuela Katharina entregó a Anne y a la pequeña Katharina una muñeca de trapo que ella misma fabricó. Igual con sus otra nietas.

    corre-tren-corre-tren-corre...
    puiíih puiiíh-

    Los niños jugaron largo rato con sus primos, en tanto los adultos hablaban sobre lo apetitosa que se veía la comida que prepararon la abuela, su hija y su nuera, así como sobre música y sobre política.

    Conversación y juegos se entrelazaron durante largas horas a la luz de la chimenea, de las velas encendidas sobre la mesa de madera de ébano y a la luz de las tantas candelitas encendidas sobre el árbol de navidad.

    Tomaron vino tinto, caliente, con canela y especias. Cenaron un delicioso Pato que preparó la abuela y en el postre comieron queque Stollen, algo así como nuestro queque navideño.

    Una oración precedió la cena.

    Terminada la cena, las mujeres de la familia se levantaron de la mesa y empezaron a cantar villancicos tradicionales. Los demás se les unieron.

    Oh du fröliche ( Johannes Falk 1806)

    Oh du fröliche, oh du selige, gnadenbringende Weihnachszeit
    Welt gin verloren, Christ ist geboren:
    Freue dich, oh freue dich, oh Christenheit !

    Luego,
    Stille Nacht, Heilige Nacht
    Alles schläft einsam wacht
    nur das traute hochhelige Paar,
    holder Knabe im lockigen Haar,
    Schlaf in Himmlischer Ruh
    schlaf in himmlischer Ruh.

    Esa noche, Joseph, a sus 8 años de edad, empezó el camino hacia el sueño de unir su vida a los ferrocarriles...

    Corre-tren-corre-tren-corre
    marcha-marcha-marcha-tren
    puiíih puiiíh-

    Los tiernos recuerdos de la infancia, aliviaron el dolor físico de Joseph, pero está somnoliento. Piensa:

    -Pronto será Navidad y quiero celebrarla con mi esposa y mis hijos... Doña María, mi suegra, prepara unos deliciosos platillos que no quiero perderme. Además, quiero sorprender a María con la noticia de nuestro viaje a Alemania...

    Iremos, en la noche del 24, a la misa de Gallo en San Antonio de Belén... En Belén...

    Joseph se durmió, arrullándose en el recuerdo de una canción de cuna que su madre le cantaba cuando niño.

    La tía Katharina, única hermana de su padre, era tierna y cariñosa con sus sobrinos. Ella y su esposo acostumbraban llevarlos a las ruinas de paseo, también a la misa , en la Iglesia de Sankt Martin o en Pfarrkirche. Y, algunas veces, les llevaban a Trier, la ciudad más cercana a Wiesbaum.

    Para Martinskirmes, el 11 de noviembre, ó Fiesta de San Martín, era la tía quien más entusiasmo mostraba. Y fue de esa manera aquel 11 de noviembre del año 1869.

    Katharine y Anne Marie, su madre, llevaron a los más pequeños: Anne, Joseph, Mathias y Katharina, y Helene, Catherine, Anton, Petrus, Barbara y Theodore a Martinskirmes.

    Entretanto, los adolescentes Peter y Johan fueron con su padre y su tío a Trier, a comprar insumos para el cultivo del trigo.

    El recuerdo del sonido del órgano en la Iglesia, se complementó con los amables rostros de los abuelos en la misa. Cantos, rezos y los niños que presionan por ir a las fiestas...

    Luego, sale la procesión de San Martín y recorren juntos las calles de Wiesbaum y Mirbach.

    Lo mejor de Martinskirmes eran los juegos tradicionales...

    puiíih puiiíh-
    corre-tren-corre-tren-coretren-corre

    Y los campos de trigo... Cuando estaban dorados y pasábamos junto a ellos... el paisaje era hermoso, dorado, verde, dorado... ¿ Verde ? ¿Dónde estoy ? ¿ Un maizal o un trigal ?

    ¡ Qué recuerdos tan gratos le habían acompañado en los largos años de ausencia de su país ! Deseó con firmeza compartir esas vivencias con Maria y los niños.

    Verde... Es un campo, un cultivo. Verde. Es un maizal. Estoy en el tren. Camino a San Antonio de Belén...

    -Será mejor recuperarme pronto, para que mi familia pueda conocerlos, a mi esposa e hijos. Aunque he estado tanto tiempo en este pais, y me agrada, quiero que los niños crezcan allá, conozcan mis costumbres y sus raices...no es fácil adaptarse a las diferencias, es duro ser un inmigrante, o aún ser descendiente de un inmigrante.

    Joseph acostumbraba hablarle en alemán a los niños, especialmente a su hijo mayor, Enrique. Incluso le habia enseñado algunos de los juegos que aprendió en su infancia... Sólo que Enrique era muy muy pequeño y no podía entenderle...

    Corre-tren-corre-tren-corre-tren-corre
    marcha-marcha, marcha-tren
    puiíih puiiíh-

    El ruido del tren llenaba el espacio... y el pensamiento de Joseph.

    En el trayecto, le mantuvo con vida la esperanza de poder regresar a la Patria...pues sólo vino de paso, a trabajar, a aportar a esta Tierra algo del desarrollo de la vieja Europa, de su tecnología, a compartir sus conocimientos y a conocer y a aprender. Siempre mostraba a sus hijos la correspondencia de sus familiares, que le escribían en alemán, lengua que María no había aprendido a hablar ni a escribir. Aunque aún los niños no estaban en edad de leer, ni siquiera español, él disfrutaba mostrándoles las cartas... Era un juego.

    Desde principios del siglo XIX, muchos europeos emigraron de sus países hacia Costa Rica. Algunos, para olvidarse del mundo que habían dejado atrás, huyendo de guerras o talvez de persecusiones políticas o religiosas.
    Pero él, al igual que otros muchos alemanes, sólo había venido a América para trabajar temporalmente. Al haberse casado con una costarricense, formó una familia y eso le hacía sentirse, en cierta forma, algo costarricense él tambien. Le gustaba el pais y su gente. Tenía muy buenas relaciones con sus subalternos y le parecía muy divertido el hecho de que ellos le hubiesen dado el sobrenombre de Bismarck, porque le consideraban muy estricto en el trabajo, aludiendo al viejo político alemán que estaba "de moda" por aquel entonces.

    Además, ya estaba muy establecido en el pais pues tenia tierra y una familia. Pero eso no disminuía su deseo de volver a Wiesbaum, sin dejar por completo sus nuevas raices en Costa Rica...

    Joseph tenía especial predilección por la gran variedad de frutas tropicales de Costa Rica: mango, cas, sandia, jocotes, nísperos, nances y otras tantas que aplacaban su sed en las largas y pesadas jornadas de trabajo.

    Y en este momento de su agonía, el recuerdo de esos sabores tropicales endulzó sus labios y calmó temporalmente su sed física... El sabor de las frutas le recordó el fresco sabor de los besos de María. Su amor, compartido durante ya siete largos años, también dejaba frutos.

    corre-tren-corre-tren-corre-tren-corre...
    marcha-marcha-marcha-tren..

    El ruido del tren sobre los rieles le adormeció, una somnolencia se apoderó de él y se durmió en aquel asiento, con la imagen de su pequeño Enrique en la mente...

    Enrique mi niño... ¿ Qué será de su futuro ? ¿ Cuándo conocerá a mi padre ? ¿ Y Luz ? ¿ Y la pequeña Ana ?

    El mismo sonido monótono que le había adormecido, sobresalta a Joseph en el vagón del Ferrocarril, Se mantiene viva en su mente la imagen de Enrique, el hijo varón que prolongará su nombre. Piensa con tristeza en él y en las dos niñas: Luz y Ana. El trayecto se le hace interminable ¿ cuándo llegaremos al Hospital ? El dolor se alivia con los recuerdos. Le faltan las fuerzas. Sólo su pensamiento se mantiene claro. Su cuerpo ya casi no responde... Es mejor que lleguemos pronto, muy pronto...

    Y el tren sigue su marcha, sobre rieles...

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    Ya entrada la noche del 10 de diciembre, en la finca de Turrúcares, María es sorprendida por la triste noticia. Se solicita su presencia en la delegación de San Antonio de Belén.

    Al día siguiente, deja a los niños al cuidado de su madre, doña María Fuentes y toma el tren acompañada de su padre, don Froylano Venegas. El mismo tren que había albergado tantas veces a su familia.

    En el camino recuerda su vida con Joseph , a los niños y lo felices que habían sido hasta el momento. Y también el paisaje juega con ella a través de las ventanas, con sus recuerdos, con sus sueños...

    ----
    Mientras la Giganta bailaba y bailaba al son de la música de la Cimarrona, María veía el rostro serio y apuesto de Joseph, asomarse al otro lado de la calle, en aquella tarde de setiembre de 1899. Ella venía acompañada de su amigo Rosendo, quien la pretendía. Pero, la pura verdad, desde aquel primer encuentro con Joseph, en el que sólo se miraron, ella no podía dejar de pensar en aquel Señor tan guapo, sonriéndole.

    Entre el baile de la Giganta, el rostro de Joseph desapareció. María lo buscaba del otro lado de la calle, con su mirada. De pronto, una voz a su lado le dijo, con acento distinto:

    - ¡ Hola Marrría ! ¿ Puedo acompañarla ?

    - ¡ Sí, claro que sí ! - respondió ella. El es Rosendo, mi amigo.

    Entre el barullo de la fiesta y el baile de las figuras de la mascarada, María perdió a Rosendo. Y ahora ya sólo tuvo ojos y oídos para Joseph.

    Pasaron bailando frente a ellos el Policía, el diablillo, la Brujita, la Calavera, el Gigante y la Giganta... Y fue, precisamente, el paso de los dos Gigantes,lo que Joseph aprovechó para perder de vista al tal Rosendo y llevarse a María hacia el juego de los Mecates o Cáñamos.

    Era una rueda llena de mecates. El juego consistía en tomar un mecate y, si había suerte, se obtenía un premio. Podía ser una gallina "enjarrada" (condimentada y envuelta en hojas de plátano), o una botella de vino.
    Muchas cosas rifaban. Y le daban otra vez vuelta a la rueda y había que pagar de nuevo, para participar.

    Joseph topó esa tarde con mucha suerte. Así que se ganó tres premios. Y se los obsequió, por supuesto, a María. Tras dos horas de hacerse compañía y divertirse juntos en aquel turno, fue a dejarla hasta su casa.

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    Con el recuerdo de las notas de la cimarrona de aquel setiembre en el que conoció a Joseph todavía resonando en la mente de María, el tren llegó hasta la Estación de San Antonio de Belén, frente a la Iglesia donde se casaron; la misma en la que bautizaron a sus tres hijos.

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    La imagen de aquella Iglesia la transportó, de nuevo, hacia el pasado...

    - Esta noche habrá un juego de pólvora en San Antonio y Joseph me invitó, Papá.¿ Puedo ir ?

    - Joseph, Joseph... No haz dejado de mencionarlo desde hace dos días, María. Está bien, podés ir, pero que Claudia te acompañe.

    - Gracias, gracias papito...

    En la Plaza de San Antonio, frente a la Iglesia, estaban muchos jóvenes de pie, mirando el Juego de Pólvora. Muchas estrellitas de colores encendían la oscura bóveda del cielo. Y Joseph estrechó por vez primera la mano de María.

    Conversando con ella, le contó que en Belén había muchos mantos de agua subterránea y que, cuando construyeron el Ferrocarril, aprovecharon también para hacer el acueducto. Joseph hablaba con entusiasmo de su trabajo y de Costa Rica. María apreciaba eso.

    También le contó sobre un sesteo para carreteros que había en Belén y cómo a él le gustaba ver las carretas armoniosamente pintadas y cargadas con café. Aqui, le recordó Joseph, las gentes descansaban pernoctando en su ruta hacia el puerto de Puntarenas, antes de que existiera el Ferrocarril.

    María sonreía y conversaba con Joseph, haciéndole preguntas sobre su vida en Alemania y también contándole sobre su familia y sus amigos.

    Así nació el noviazgo. Don Froylano no estaba muy a gusto con aquel extranjero. Pero, con el paso del tiempo, lo aceptó.

    Después, el matrimonio, luego los hijos.

    Pero ahora esto... Don Froylano estaba muy triste, caminando hacia la oficina de la Jefatura Política, en aquel 11 de diciembre de 1907. Su joven hija, quedar tan sola y con tres niños. Se prometió a sí mismo que siempre les serviría de apoyo a los cuatro.

    ----------------------
    A las 8 am del día 11 de diciembre María Venegas, esposa de don Joseph, se presentó a rendir declaración en la Jefatura Política.

    Es una señora joven y muy bella, tiene sólo 27 años de edad. El dolor la embarga, pero se mantiene serena, pensando en el futuro de sus hijos, ahora que están los cuatro solos. No obstante, sabe que tiene el amor y el apoyo de sus padres y sus hermanas y hermano.

    El Jefe Político, Don José Murillo la juramenta y esta fue su declaración:

    Transcripción literal del documento de declaración de doña María(respetando la ortografía de la fuente).

    San Antonio de Belén, a las ocho de la mañana del día once de diciembre de mil novecientos siete. Presente en este despacho la señora María Venegas Fuentes, mayor de veinticinco años, viuda, de oficios domésticos y vecina de Turrúcares, jurisdicción de Alajuela, fue impuesta de las penas del perjurio en asunto criminal y juramentada en forma, dijo que se llama como queda dicho, de las calidades y vecindario expresas, que fue esposa del finado don José Vismark(*) y que aunque interesada no faltará a la verdad. Examinada que fue para que diga respecto a la enfermedad de su esposo y demás detalles que pueda contestó: Que su esposo Vismark ha estado últimamente ocupado en la línea del Ferrocarril al Atlantico, y que el lunes último nueve del corriente, en tren de las diez de la mañana, llegó a la Estación de Turrúcares y estuvo en su casa durante ese dia y la noche, bastante enfermo, quien le manifestó que padecía sumamente del hígado y ayer salió en carreta para la estación de Turrúcares a tomar el tren con el fin de ingresar en el Hospital de Cartago para su curación. Que su referido esposo hace días padece y que tomó el tren ayer bastante grave, habiendo tenido noticia que falleció en San Antonio de Belén, en el mismo tren que tomó. Leída que le fue su declaración en ella se ratifica.---- Testigos. José Murillo, Teódulo Soto. Juan Jairo

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    En el momento en que Maria termina de dar su declaración, el tren arranca, se oye su pito, desde la jefatura política. Ya no está Joseph, pero el tren continúa su marcha, sobre rieles...

  • La señora María Venegas de Hoffmann

    Sobre Rieles
    Capítulo I
    Capítulo II
    Capítulo III
    Capítulo IV


    El Jardín
    del silencio


    Reflejos
    virtuales


    Ensueño


    Tipilambi


    Trovas


    Evasiva Verdad



    Comunicación
    Comercial



    Costa Rica es así


    Más lectorias


    Hannia Hoffmann nació en octubre de 1962 en San José, Costa Rica, América Central en el seno de la familia Hoffmann Brenes. Estudió en el Colegio Superior de Señoritas y posteriormente estudió Ciencias de la Comunicación Colectiva y ejerció como periodista. Se especializó en lingüística y publicidad en la Universidad de Costa Rica en donde obtuvo su licenciatura. Trabaja como productora de cine, video audio e impreso y brinda asesoría en comunicación y producción como empresaria independiente. Dirige el Taller Literario que lleva su nombre y es co fundadora de la Fundación Intercultural del Centro de Comunicación. Es bisnieta de la señora María Venegas.