Hannia Hoffmann

Juego Canto




El Jardín del Silencio


Reflejos Virtuales


Ensueño


Juego Canto

  • Aurora XXI

    ¡ Mira que ha llegado el alba ! Vive esta aurora. Descansa.
    La noche está lejos. Mira: la mañana será larga.
    ¡ Ven ¡ Las horas de este siglo están quietas en la estancia.
    Ordenaditas... esperan.

    Mis largos y finos dedos ya sabrán acariciarlas.
    Cuando el momento les llegue, disfrutaré el habitarlas.
    Mira las horas. Sí, míralas. Mira las horas. Y siéntelas.
    Son transparentes, son tibias. Son luminosas y suaves
    las horas de esta nueva alba.

    Ya mis manos están prestas: saben cómo transformarlas.
    Las tejerán suavemente... Esas transparentes horas
    que me esperan y te aguardan, con firmes, sutiles pasos
    mis pies han de caminarlas...

    Las llenaré de sonrisas. Las colmarás de caricias.
    Los minutos serán besos . Los segundos, alegrías.
    Contémplalas en silencio desde tu sitio, en la aurora.
    Intúyelas en secreto. Entre tus ágiles dedos
    acaricia prontamente sus tiernos hilos primeros.
    Para que, dóciles, vengan; para que tejas con ellos,
    -esos hilos que son horas, horas vida y horas tiempo-
    para que los dos tejamos, juntitos, nuestros anhelos:
    mullidos y bellos sueños. Caros, concretos proyectos.

    La mañana será larga y la vida está sonriendo.
    ¡ No apresuremos el paso ¡ ¡ Dancemos dentro del tiempo ¡
    La tibieza de la aurora calentará nuestros cuerpos.
    Alegrémonos, entonces... Pues es ancho el horizonte
    y son gratos los recuerdos. Muy claro y tibio es el día
    que nos espera...

  • Estrellita fugaz...

    Sola contemplando el cielo,
    buscando enigmas...
    Talvez antiguas canciones
    que llegaran desde lejos.
    Sola. Me encontraba sola.
    Escudriñando secretos
    de la antigua Madre Tierra.
    Justo a la orilla del mar.

    La música de las olas
    se escuchaba en el silencio.
    Y la espuma de las aguas
    brillaba en la oscuridad.

    En mi mente se cruzaron
    mil pequeños duendes necios
    que, sin querer o queriendo,
    turbaron mi quieto ensueño.

    Brillantes constelaciones.
    Luna, refulgente luna.
    Cielos en tonos azules,
    tan azules como el mar.

    Tonos de azul y de plata.
    Juegos de estrellas y luna.
    Toda belleza, natura.
    Pero igual mi soledad.

    Noche, paisaje y silencio.
    - Tenuemente lo recuerdo-.
    ¿ Qué vuelve un instante eterno ?
    En un rincón de la noche
    la amorosa Madre Tierra
    me dejó ver sus secretos.
    ¡ Iluminó mi horizonte una estrellita fugaz ¡

  • Talvez en alguna tarde...

    Pienso yo que alguna tarde
    -sea en verano, sea en invierno-
    ha de regalarme el tiempo aquella vieja canción.

    La que he tenido pendiente y he soñado...

    Talvez una mariposa
    de tonos alucinantes,
    -o un colibrí caprichoso- la lleven de flor en flor.

    Y deba yo estar alerta,
    buscando el momento exacto
    en que pueda esa canción, volar en el aire. Libre,

    mezcladita entre los rayos
    los tibiecitos rayos que me regala el Sol...

  • Luna infiel...

    ¿ Será verdad o mentira ?
    ¡ La Luna se enamoró !
    ¡ Se ha enamorado la Luna y está muy celoso el Sol !

    En un magnífico lago plateado
    -que su rostro redondo acarició
    con la mágica suavidad de sus aguas-, la luna se miró.

    ¡ Me devolvió un reflejo tan hermoso !
    ¡ Pienso que él lo alteró !
    Es cortés y valiente, es delicado...

    Su gentileza me envuelve
    y me asombra su belleza.
    Me perturba en su silencio, me captura con su paz.

    ¡ Quisiera ser la lámpara preciosa
    que bañe en luz el azul de tu paisaje !
    Sí, Noble Lago. - lo dijo la Luna - Eso fue lo que un Cometa aseguró.

    Se lo ha contado al Sol,naciendo el Alba.
    Y el pobre Sol, tan sólo suspiró...

    En la noche titilan mil estrellas
    sonrientes, admirando
    el paisaje de un Lago Azul, en Luna llena.

    Y allá, en aquel rincón,
    un humano pintor con su paleta, captando la ocasión.

    - Es un encargo de la tierna Luna- se lo dice a un Cometa.
    Un regalo, un presente que yo
    debo ofrendarle al Sol, cuando amanezca.

  • Creación...

    Digamos que la noche estaba oscura
    y que un rayo de plata, de improviso,
    hendió su blanda superficie.

    Penetró sus silencios,
    insondables otrora.
    Bañó a sus habitantes en difusa luz.

    Se sintieron - de pronto-
    se palparon Y fueron
    y siguieron. Vivieron para siempre

    en la luz enigmática
    de aquel oblicuo y luminoso rayo
    que hirió por accidente la negra, oscura

    capa de la noche, que ante la luz cedió.
    En las sombras, siluetas dibujadas
    insinuaron apenas las formas de seres animados

    que habitaran en ellas...
    efectos de esa luz en la materia.
    Tenues líneas, dibujos blanquinegros: movimientos

    de sombras en las sombras.
    Y aquel plateado rayo
    jugando con las formas, encantando las líneas,

    haciendo magia con la geometría...
    Inmerso en esa magia
    el movimiento - materia y energía de los cuerpos

    de aquellos seres vivos -,
    les llevó a la conciencia
    la luz de plata, que siguió propalando

    sus geométricos juegos.
    Multiplicando líneas,
    reproduciendo formas. Proyectando universos

    en las manos, los ojos,
    los cuerpos y los labios;
    en las mentes y mundos de los seres humanos.

  • La danza del colibrí...

    Pequeño colibrí, vibra tu cuerpo.
    Llévame, invítame, méteme
    en la magia de tu danza.

  • Así respondió el eco...

    ¿ Qué es un poema ?
    -dijeron, en las horas de la tarde ,
    las claras gotas de lluvia al eco de la montaña-.

    ¿ Qué es un poema ? -dijeron-.
    Y el eco les respondió:
    Un poema son las flores y los frutos de los árboles

    que la montaña prodiga.
    Un poema son los frutos,
    Un poema son las flores. Un poema son las aguas

    que bajan por las laderas
    de los montes, hasta el valle.
    Un poema de aguas claras que descienden hasta el valle.

    Es un poema el silencio
    que se guarda ante lo intenso.
    También la lluvia cayendo. Y las nubes. Y los vientos

    que silban entre los árboles.
    Son los pájaros que vuelan,
    sus nidos y sus polluelos un bello poema eterno.

    En tanto que el eco hablaba
    la tarde se fue muriendo.
    En agua, todas las gotas, juntas se fueron fundiendo.

    Llegó la noche, en sus sombras
    la montaña fue enguyendo.
    Y todo quedó sumido en un secreto misterio.

    El viento guardó silencio.
    Lo mismo hicieron las aves.
    Sólo se escuchó el murmullo de aquel eco repitiendo:

    Todo el orbe es un poema
    para aquel que sabe leerlo.
    Todo el orbe es un poema para que lo sientas tú.

  • Un día...

    Amaneció la mañana colorida y repintada,
    fresca y lozana.
    Se refrescó en el rocío la bella flora.
    El Sol extendió sus rayos: pintarrajeó las manzanas,
    aromatizó las flores e iluminó las ventanas.

    Se sofocó el mediodía, se endurecieron las sombras.
    Se emblanquecieron las blancas regordetas o alargadas,
    las nubes algodonadas.
    Cayó la tarde sabrosa, refrescando la jornada:
    los árboles se bañaron entre la tarde mojada.
    Y llegó la noche oscura cobijando el cielo en negro,
    con una luna grandota coronando sus misterios.

  • Veinte años después...

    ¡ Que transcurran las horas suavemente ! Ay sí, que fluyan...
    No muy lentas, que no sean muy lentas. Tampoco excesivamente rápidas.
    Hace unos veinte años, una tarde, contemplé rasgarse
    el transparente velo que recubre el tiempo...
    Y me encontré frente a una encrucijada. Tomé mi decisión.
    Me dispuse y emprendí el camino por la vía que elegí.

    Transcurrieron las horas y los días; los meses y los años.
    Florecieron sonrisas en mis labios. Y brotaron los versos de mis manos.
    Y mis ojos lloraron algunas cuantas lágrimas.

    En mis plantas sentí el contacto suave de la yerba o la arena.
    Mis piernas continuaron firmes, moviéndose. Yo caminaba...
    Caminé varias vidas. Habité mil moradas.
    Me bebí las caricias y las aguas que me correspondieron:
    las que estaban celosamente custodiadas en los pliegues del tiempo.

    Alimenté mi cuerpo con los frutos que me ofreció natura.
    Recogidos, a veces, por mi propia mano.
    Y recibidos,otras, de manos hermanas.
    Alimenté mi espíritu con versos, con música y palabras.
    Enriquecí mi esencia contemplando los mares, las flores, los atardeceres.

    Ensanché mi horizonte levantando los ojos hacia el cielo,
    mirando los puntitos luminosos de lejanas estrellas.

    He caminado el tiempo y las distancias que me correspondieron,
    merced a mi elección de aquella tarde, frente a una encrucijada.

    El velo transparente que recubre mis horas venideras,
    esconde en sus repliegues mil opciones para llenar mis días.

    Hoy miro hacia el pasado satisfecha, sonriente.
    Agradecida del regalo, el hermoso privilegio que tengo al estar viva.

    Y miro hacia el futuro recelosa, disfrutando el presente, sigilosa.
    Escudriño rincones. Exploro mis sentidos. Descubro situaciones.
    Valoro y atesoro mis vivencias. Capitalizo versos. Cultivo mis amores.

    Velo en silencio mis antiguos sueños. Por que se cumplan,
    planto semillas en suelos etéreos que a diario riego con mágicas aguas
    y baño luego con la luz cálida de un etéreo sol.

    En el silencio tejo también mis hilos transparentes,
    que luego tiño con colores bellos,
    tomados de un doble arcoiris de mi mundo etéreo.

    Luego camino, marcho veloz dentro del gran silencio.
    Y llego al punto exacto donde ha veinte años se rasgó aquel velo.
    Filtro mis sueños entre sus hilachas,
    porque se transformen, esos viejos sueños, en felicidad...

  • Lectorías: espacio y percepción; tiempo y vivencia.