Y como también fueron encontradas vetas de oro en Providencia, Bellavista, Montezuma y Trinidad pues, obviamente fue la abundancia de oro lo que dió nombre a sus montañas y al cantón.
Por esos tiempos, a Miramar solo llegaban pendencieros, ladrones, buscadores de fortuna, en fin, fue duro para la comunidad ver su lugar convertido en un auténtico oeste norteamericano de fiebre del oro.
Leonardo Rodríguez nacido
en 1922 describe en un poema
la aventura en la mina.
Por la roca silente
tras la busca del oro,
el minero se adentra
desafiendo la entraña
para abrirle con topes
su valioso tesoro.
Ya remueve la veta
que traidora se inclina
y es el largo lamento
de la piedra partida,
la indecisa rudeza
que al minero le dice:
es la muerte o la vida.
Más Lectorías relacionadas con el tema en el libro Tipilambi. | ericdiaz@lectorias.com
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