Juan Viñas (Rodrigo Facio-1917)
Es un montón pintoresco de casitas
jugando al equilibrio en el subir de una colina.
Sólo yendo hacia arriba o hacia abajo
por ella se encamina
De un lado a otro le amarran rectas calles
ansiosas de una urbana geometría,
que al contrastar con los contornos naturales,
estampan una nota peregrina.
Rompiendo la continuidad del zinc y tejas
-escudo de temperaturas excesivas-
hay dos torres pequeñas, coloradas,
que lanzan hacia arriba
anchas columnas repletas de oraciones
de una fe buena y sencilla
Más allá saltan dos negros y gigantes brazos
que viendo a lo alto pasan también la vida,
y asfixian de humo negro el ancho cielo,
mientras abajo el azúcar se fabrica.
Un ejército verde de cañales
de día y de noche el pueblecito sitia.
(El viento, general de torpe táctica,
las largas hojas para un lado y para el otro inclina
y cuando pasa, sin marcialidad alguna,
a bofetones revistando filas hace gala
de su humor que es fresco y fuerte
y entre ellas silba.
Gente, muchas cuestas, una iglesia y un ingenio.
Escena clara, fácil y sencilla,
apretada en tierno abrazo verde:
eso es Juan Viñas.
Y ahí se está mañana, tarde y noche
acrobáticamente agarrada a la colina.
El fértil suelo abajo,
el ancho cielo arriba.
Y ella, dichosa de quietud rural
y de pasar asoleándose la vida.
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